Para evitar la mortalidad y morbilidad infantil recurrimos al infanticidio

s-vitae

 

Herodes ha quedado como paradigma de la matanza de inocentes: una guerra planteada por el poder, que lucha contra las madres para arrebatarles a sus hijos y matarlos. ¿Porque le han hecho daño? No, es el asesinato preventivo: para evitar que esos niños hagan daño.

bebes-inoc

Hoy son sus descendientes los que matan a los inocentes. Por imperativo zootécnico.

La cría espontánea de animales es privilegio de la naturaleza. Es la zoología la ciencia que se cuida de entender el funcionamiento del maravilloso sistema zoológico. Cuando el hombre, después de arruinar la naturaleza se empeñó en imitarla, fue incapaz de crear una réplica de la zoología. Así que optó por la ZOOTECNIA: humana, exageradamente  humana ¿Cuál es la diferencia? Pues que en la zoología todo fluye espontáneamente y  según los equilibrios naturales de la vida; en la zootecnia en cambio, absolutamente todo (desde la concepción hasta la muerte de los animales, y por supuesto su régimen de vida) está planificado por el hombre, que es su criador, su dueño y señor. Manipulación de la vida a tope. Obviamente, el provecho del amo es la única y exclusiva razón de ser de estos animales.

El aspecto más grave de este problema es que el mismo hombre ha entrado de lleno en la zootecnia. Es que el hombre, que ha mostrado en esta disciplina  su talento creador, se siente tremendamente coartado bajo las leyes de la zoología e incluso de la biología, y por eso no para de hacer incursiones tremendamente arriesgadas en la zootecnia para lo que cada vez más, entiende como la cría de hombres. No puede resistirse a ensayar en sí mismo lo que tan exitosamente ha desarrollado en la cría de animales. El último grito los bancos de embriones humanos y su manipulación a todo nivel. ¡Como las vacas!

Los tres caracteres que distinguen a la zootecnia son: obligar a nacer, obligar a vivir y obligar a morir. Es decir: forzar el nacimiento, forzar la vida y forzar la muerte. ¿En qué se parece esto a la naturaleza? Realmente en nada. En la naturaleza, la vida fluye sin que nadie imponga nada. Empieza en el impulso sexual (de la propia especie), que da lugar a la vida sin límites, y termina en el impulso de los eslabones superiores de la cadena trófica, que necesitan matar para comer. La vida simplemente fluye. Los límites no se los impone la especie, sino la propia resistencia y las especies depredadoras. No todos los animales nacen con la resistencia suficiente para la vida en libertad. Eso da lugar a un determinado índice de MORTALIDAD INFANTIL. Esta merma inicial forma parte del régimen de vida de todas las especies. Es absolutamente natural. El primer festín de los depredadores, la forma que tiene la naturaleza de luchar contra la enfermedad.

¿Y qué ocurre en la especie humana? Pues ocurre que nuestra zootecnia se ha rebelado contra la mortalidad infantil. Y ha avanzado enormemente en ese campo. Claro que tal como la ciencia iba venciendo la mortalidad infantil, iba dejando un reguero cada vez mayor de enfermedad y minusvalía. La cuestión era no dejar morir. Pero eso implicaba formas de vivir cada vez más duras, implicaba un índice cada vez mayor primero de niños y luego de adultos que no alcanzaban el nivel básico de vitalidad y resistencia.

Pero atención, no se lo pierdan: al tiempo que todo el sistema (¿zootécnico?) lucha por mantener con vida a cualquier precio a los que ha salvado de la mortalidad infantil,  ese mismo sistema, senomyx2rabiosamente zootécnico, ha decidido poner fin a la mortalidad infantil de un plumazo. La fórmula es genial: para evitar que se le mueran los niños, los mata antes de que nazcan. En todos los casos en que la ecografía nos dice que evidentemente lo que gesta la madre es un niño, el motivo para matarlo siempre es el mismo: es que es un enfermo. Y como nuestra tecnología  nos permite hacer vivir a los enfermos sin límite de tiempo, la única manera de librarnos de esa carga es matándolos antes de que nazcan.                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

Es decir que el método para vencer la mortalidad y la morbilidad infantil es el asesinato de todo niño que “amenace” con venir enfermo. O que simplemente sea sospechoso. O que nos venga bien el pretexto de la enfermedad para deshacernos de un hijo que no nos interesa. O que nos pueda enfermar o simplemente molestar a nosotros.

Bueno, es que la esquizofrenia del progreso nos ha llevado a imitar a la naturaleza en el sexo sin limitaciones (aunque no la imitamos en absoluto en el sexo sin imposiciones: porque hay en nuestra especie muchísimo sexo impuesto); pero como no nos conviene imitarla en toda la secuencia reproductiva, parte de la cual es la mortalidad infantil, he aquí que ya tenemos inventada la forma de imponer todo el sexo que queramos, pero sin consecuencias reproductivas: el método es MATARLOS ANTES DE QUE NAZCAN. Y el pretexto más auténtico, es que están enfermos. O que podrían enfermar a la madre. Claro, es que nuestro sistema de no dejar morir a nadie, nos impondría una cuota de enfermos que excede escandalosamente nuestros cálculos.

¿Y al final qué queda? Queda nuestra determinación de alargar indefinidamente la vida de todo el que consiga nacer, aunque sea una vida tejida de sufrimiento. (¿Es eso lo que llaman ensañamiento terapéutico?) Y como la capacidad de alargamiento de la vida casi no tiene límites, hemos decidido al mismo tiempo ser nosotros quienes pongamos esos límites mediante técnicas de eugenesia y de eutanasia. Todo es cuestión de nacer bien (sano) y de morir bien (es decir de ponerle límite a la enfermedad y a la vida). Y puesto que somos nosotros los que estamos por encima del bien y del mal, por encima del hombre y por encima de la naturaleza, nos hemos adjudicado el derecho y la obligación de ser nosotros los que pongamos límite a la vida humana. En su inicio mediante el que seguimos llamando aborto incluso cuando es un infanticidio flagrante, y mediante la eutanasia en su final.imagen1

Estamos en zootecnia pura y dura, en la que la reproducción está regulada por criterios de productividad: respecto a la cantidad, a la calidad y a los métodos de reproducción. Lo que se busca es la eficiencia reproductiva. En cuanto a la vida, cuya finalidad es un determinado quantum de productividad, está sujeta a las condiciones y a la duración que determine esa productividad. El primer resultado de esa duración forzada de la vida, es la enfermedad. Está prohibido morirse antes de haber rendido la producción para la que ha sido criado el animal. Así que el criador pondrá los medios para que la vida dure lo que ha de durar. Y cuanto más valioso sea el animal, más medios pondrá el amo para que le dure lo que le tiene que durar. Es lo que tiene la zootecnia: razón económica. Y nos ha pillado la ola.   

Todas las demás especies están sometidas a las leyes de la biología y de la zoología. La especie humana en cambio se ha colocado por encima de las leyes que rigen la vida, creando la zootecnia: el único sistema en que la vida es regida y está sometida a programas determinados de pervivencia o de mortalidad en razón de normas que obedecen a cálculos e intereses del que, al ser quien decide la vida, se ha convertido en su dueño. En este régimen de vida caben con toda holgura la cautividad, la enfermedad, el negocio de la enfermedad y el negocio de la muerte. En realidad, el fin último del criador de animales es la muerte programada de sus criaturas, de manera que el diseño de la vida de éstas (sin importar cuánta enfermedad tengan que soportar), se mueve en función de ese fin último. Es lo que nos hemos buscado.

Al final de todos los finales, uno de los mayores negocios (si no el mayor) que tiene montados el hombre a costa del hombre, es la enfermedad y la muerte. ¡Vivir para ver! Y seguimos hablando de Herodes…

abortomoney

One thought on “Para evitar la mortalidad y morbilidad infantil recurrimos al infanticidio

  1. Primero quiero agradecerles esta fresca y nueva iniciativa que ponéis en marcha, me gusta la delicadeza y a la vez firmeza con la que abordáis los temas, mi enhorabuena y a seguir así, gracias. Ya tenéis una seguidora más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *