El sexo, el gran elemento socializador de la naturaleza

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Hemos evitado durante demasiado tiempo relacionar el aborto con la nueva política de SEXO A CUALQUIER PRECIO, a cuyo servicio se ha puesto a la mujer en cuerpo y alma. Voy a entrar pues en la relación entre SEXO y SOCIALIZACIÓN. Abordaré primero el aspecto biológico,luego el antropológico y finalmente el sociológico.

 

LA BIOLOGÍA

Es inútil que le demos vueltas: en la especie humana, al igual que en todas las especies afines, lo NORMAL, lo único normal es que unos individuos nazcan machos y otros, hembras. Lo demás son anomalías, que haberlas haylas en proporciones muy parecidas en todas las especies. Así que no hemos de inquietarnos en exceso ante el empeño de los ingenieros sociales por dar carta de normalidad a las anomalías, asentando el principio de que el sexo lo elige cada uno acogiéndose a la anomalía que más le apetezca. No es la primera vez en la historia que ocurre tal cosa. Las aguas volverán inexorablemente a su cauce.

Si los ojos están diseñados para ver y los oídos para oír, es inútil que hagamos inventos para usarlos fuera de su diseño o para promocionar como formas normales, y no como anomalías, el ser bizco, tuerto, ciego o daltónico. Al final, la naturaleza se impone. Y si no son las manos sino los pies los que están diseñados para andar, es inútil que nos empeñemos en andar con las manos, cabeza abajo: que al final volveremos al uso marcado por el diseño. Y si el sexo está diseñado para la procreación, también el “mundo desarrollado”, tan creativo sexualmente, tendrá que someterse a la naturaleza. O eso, o ladesarticulación social primero, y luego la extinción. Porque en el sexo nos jugamos no sólo la procreación, sino también la socialización.

Es que la procreación está ligada íntimamente a la socialización. Si no se encuentran machos y hembras, y si luego éstos no son capaces de incorporar a su vida las crías que vienen como resultado de ese encuentro de los sexos, la especie o la colectividad que es incapaz de agruparse y crecer de este modo, no alcanza a la siguiente generación.Es la vinculación de la madre con sus crías, la que condiciona todo otro vínculo: incluido el esporádico o permanente del macho con la hembra. Es naturaleza pura.

Y no es cuestión etológica(mucho más sujeta a alteraciones, puesto que se transmutan más fácilmente las costumbres que los caracteres genéticos) sino cuestión biológica de carácter anatómico y fisiológico, cada uno de cuyos pasos se mide en millones de años. Sí, sí, que es absurdo empeñarnos en cambiar la biología en cuatro días, cuando necesita millones de años para desarrollar cada órgano, cada función o cada carácter. Otra cosa son las chapuzas o las deformidades que, esas sí, se consiguen de hoy para mañana.

Es muy preocupante la próspera banca biológica de embriones humanos: un material con el que ya se ha iniciado la investigación en chapuzas y deformidades varias. Sin ningún límite. Porquesi la ingeniería social, entregada a la experimentación humana más descarnada, estáeducando a las nuevas generaciones desde la más tierna infancia para la plurisexualidad,  ¿qué no será capaz de hacer en el plano de la experimentación genética con el imponente banco demillones y millones de embriones que la ciencia pone a su disposición? ¡¡Delirante!!

Pero vamos al factor socializador del sexo. La inclinación del macho por la hembra en cualquier especie (nos centramos ahora en los mamíferos, que nos son más afines), del hombre por la mujer y de la mujer por el hombre, no nace de sistemas conductuales (lo que la sociología moderna llama identidad o identificación sexual), en absoluto, sino de la biología y la fisiología del óvulo y del espermatozoide.

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En efecto, para humillación nuestra, no es el individuo hombre el que determina ir al encuentro de la mujer para “tener sexo” con ella y viceversa. No es la persona, no, la que toma esta determinación, sino esas células microscópicas a las que llamamos espermatozoides, que empujan al hombre de manera difícilmente resistible a ir hacia la mujer para fecundar el óvulo maduro;y éste empuja a su vez con igual fuerza a la mujer hacia el hombre. No estamos por tanto ante un fenómeno conductual acompañado de fenómenos fisiológicos, sino ante un fenómeno biológico y fisiológico que condiciona  la conducta tanto del hombre como de la mujer.

La voluntad lo tiene ciertamente difícil para actuar contra la naturaleza, de manera que ésta actúa igualmente por su cuenta prescindiendo de lo que el individuo quiera o deje de querer. Esto es evidente y determinista en los demás animales. En el hombre puede superponerse la obligación (más a menudo en forma de educación) a la naturaleza; pero de ahí a modificar la naturaleza, hay un buen trecho. Manipular sí; modificar, no.

En la zootecnia, el criador de animales les impone a éstos la sexualidad que le conviene, violentando a la naturaleza tanto como interese en razón de la productividad. Lo mismo puede conseguir en la especie humana el “criador de nuevos modelos de persona”; pero no por la vía de la imposición, a la que recurren las culturas menos evolucionadas, sino por la vía de la educación y la seducción mediática.

La manipulación sexual en la zootecnia nos muestra bien a las claras que no hay límite a la inventiva humana. Si lo más rentable del sistema sexual-reproductor de la vaca son las ubres, la zootecnia es capaz de cuadruplicar su crecimiento y su producción de leche; ¿que tanto ordeño la desquicia? Para eso es vaca, ¿no? Y silos grandes genios de la ingeniería social decretan en el diseño humano el incremento de la productividad sexual de la mujer para igualarla a la del hombre, lo tienen igual de fácil para triunfar: y si la demanda va por las ubres, tampoco hay problema: sobran toneladas de silicona para resolverlo. Hasta que encuentren la solución genética. Para obtener los resultados programados, basta poner en marcha toda la maquinaria conductista, propagandística, legislativa e institucionalque obra totalmente en su poder. ¿Cuál es pues la diferencia entre la ingeniería social y la zootecnia? A la vista está.

Pero ya podemos reventar a la vaca a fuerza de ordeñarla y a la mujer a fuerza de sexo, eliminando al ternero y al hijo en ciernes para conseguirlo, que eso no cambia para nada la naturaleza de la una ni de la otra. En cuanto ceda la presión sobre una y otra, las ubres producirán la leche que necesita el ternero, y la copulación se ajustará a la biología y a la fisiología impuesta por los óvulos.La naturaleza es así de persistente.

 

ETOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA

¿Y qué pasa con la ETOLOGÍA del sexo, a la que en nuestra especie llamamos moral, ética, deontología y finalmente sociología? ¿Qué pasa con la conducta humana respecto al sexo?

Como decía en el título, el sexo es punto de partida de toda socialización en todas las especies. Los animales se agrupan de una u otra forma en función de las características sexo-sociales de la especie. Está claro que los animales gregarios lo son porque así lo condiciona la sexo-etología de esas especies; que los que viven en manada tienen otros patrones de relación sexual; y los solitarios como el escorpión y la mantis religiosa, son solitarios por sus raras costumbres sexuales, en las que la supervivencia del macho y de las crías es más que problemática.

¿Y en la especie humana? En la especie humana, como en muchas otras, al ser mayor la demanda de sexo por parte de los machos, que la oferta por parte de las hembras, resulta que se hace inevitable la lucha de los machos entre sí por la posesión de las hembras. Es lo que nos muestra la historia natural (la vida de muchos animales) y la historia humana: está por determinar en qué medida las guerras entre poblaciones vecinas han nacido de la necesidad de disponer de mujeres. Tenemos en nuestra cultura el referente del Rapto de las Sabinas. Y en nuestra historia nacional, “la conquista de la indias”, de la que no se ha hablado lo suficiente.Sospechamos que por pudor.

Y redondeando el fenómeno de la violencia entre machos por la conquista de las hembras, en nuestra especie se ha puesto de moda la violación como fundamental arma de la guerra: arma poderosísima, porque  a los ejércitos que la emplean, nunca les faltan soldados. Al final, violencia entre los hombres por conquistar mujeres. Es el sexo épico. Recordemos que en las grandes epopeyas de la humanidad, la lucha de los héroes por las mujeres más hermosas, ocupa el primer plano. En la Ilíada, el desencadenante es una mujer en cada bando: en el de los troyanos, Helena; en el de los griegos, Criseida: el mejor lote del botín de Aquiles.

Pero frente al sexo como epopeya, hubo una forma degenerada de sexo: el INCESTO: y digo forma degenerada, porque las sociedades que lo practicaron, sucumbieron frente a las que salían a conquistar las mujeres fuera del grupo familiar-tribal. Es el sexo fácil, el de casa (muy frecuente en la naturaleza). Pero la evolución determinó que no sólo por razones genéticas (de más largo plazo) sino también por razones puramente etológicas, los pueblos y tribus en que se iba al sexo fácil, el de casa, sucumbieron a manos de los que peleaban por el sexo. No les costó nada deshacerse de esos flojos que, además, irían degenerando. El caso es que todo el edificio normativo y legislativo se construyó sobre el TABÚ DEL INCESTO: la ley que proscribía y castigaba con la muertelas relaciones sexuales con los menores de la familia.

Es el momento de recordar que la ingeniería sexual ha derribado ya en algunos países el tabú del incesto, y sigue en esa batalla. Y recordar asimismo que esa misma ingeniería está trabajando por “normalizar” la pederastia recurriendo a la educación sexual precoz en la propia escuela y a los esfuerzos legislativos por poner la pedofilia primero y luego la pederastia entre las opciones-identidades sexuales; y recordar finalmente que justo en orden a que todo confluya en esa normalización, se está luchando ya por bajar de los 12 años la edad para las relaciones sexuales “consentidas”. Y el trabajo más intenso se está haciendo en las escuelas, que al paso que vamos se convertirán en centros oficiales de corrupción de menores.

¡Es el progreso!El tema es el identificador de esta época: el SEXO FÁCIL, que1c produce un determinado tipo de sociedad a la que todo se le da desde el poder. Conductas que no tienen consecuencias, derechos sin deberes, sexo sin compromiso alguno.Es la obsesión de la nueva política: al capaz de violencia sexual se le amaestran las víctimas para que se le pongan fáciles. Y así tenemos que los niveles de abusos sexuales contra menores, de los que la pornografía infantil no es más que una tenue sombra, han alcanzado unos niveles dantescos. ¿En el tercer mundo? No, en el nuestro. Es el progreso del cangrejo.

Después de esta nota de modernidad y progreso, volvamos a la historia. Al alejarse la humanidad de la forma de asociación natural genética (familiar-tribal) y de la caza y la recolección como formas de subsistencia, cayó en la más terrible de las calamidades: la ESCLAVITUD, consustancial con la agricultura y la ganadería e inseparable de éstas.  Cansados de salir a la caza, cada vez más escasa, estabularon a los animales para criarlos en casa; y cansados de salir a la rapiña de las riquezas de los vecinos, en vez de matar al vencido decidieron mantenerlo como esclavo para que siguiese produciendo; pero no ya en libertad como antes, sino bajo dominación. Y como se fueron cansando de salir a pelear por conquistar nuevos esclavos, se dedicaron a criarlos en casa. Esclavos y esclavas.

Obviamente se trata de una sociedad dual, en la que la dualidad no está determinada por el sexo como en la naturaleza (aunque marginalmente también), sino por la esclavitud y la dominación: el esclavo y el señor. Éste, obviamente, con total dominio sexual sobre la esclava y el esclavo. En efecto, la dominación era además sexual. Era preciso hacer sentir la dominación a través del sexo. Por eso el señor de esclavos los sodomizaba: era una forma de tomar posesión de ellos y hacerles sentir a menudo esa posesión. Para los romanos era un privilegio dominical sodomizar a los esclavos; y era la peor ignominia ser sodomizado, porque eso equivalía a ser tratado como esclavo. Hubo de todo durante los más de 1.000 años que duró Roma (y Bizancio, casi 2.000). Las costumbres fueron evolucionando.

 

Las esclavas las empleó el señor como recompensa sexual de la fidelidad y diligencia de los esclavos. Las dos instituciones en que se concretó esta explotación sexual de las esclavas fueron la prostitución (para los esclavos del montón) y el contubernio para los capataces y esclavos de confianza. Por supuesto que ni los esclavos ni las esclavas tenían derecho a tener hijos. Las crías eran propiedad del señor, que disponía de ellas a su antojo. Así que sus relaciones sexuales no daban lugar a ninguna responsabilidad. No se diferenciaban en nada de las de los demás animales que tenía el señor en sus establos.

Fue una vuelta al sexo fácil (el del incesto primitivo), pero en otro formato. La mujer ya no era una conquista y un pacto inevitable con el pueblo al que se le conquistó, sino una posesión de la que disponer a antojo, una dádiva del señor. Gran diferencia. Ya no había que pelear por ella, sino simplemente disponer de ella en los propios establos. Mala socialización, pésima socialización la de la esclavitud. Seguían inmutables la biología y la fisiología sexual, pero habían cambiado profundamente las costumbres sexuales. Esta forma de “socialización” mediante el sexo esclavo contaminó las relaciones sexuales de la humanidad.

Pero la dualidad señor-esclavo persiste en la dualidad señora-esclava.Sin llegar la mujer al señorío del hombre, la diferencia de vida sexual entre la mujer señora y la mujer esclava es abismal.El aspecto más notable es el DERECHO DE FAMILIA, que da a la actividad sexual un carácter radicalmente distinto: el sexo de los esclavos nunca devenga lazos familiares: jamás le hará a él padre o a ella madre, ni jamás dará lugar a un hijo. En ellos todo es esclavo: tanto el sexo como sus frutos, si los hay. En realidad esa actividad sexual no devenga socialización alguna. Para la señora en cambio (y para el señor) el sexo tiene el carácter reproductor que le corresponde por naturaleza. Y éste se consagra en el DERECHO DE FAMILIA. Todo el entramado social primitivo tribal familiar tiene como antecedente el sexo. Cada uno es hijo, padre, madre, abuelo, tío, tía,  hermano, sobrino, cuñado, etcétera, no en virtud de contratos, actos de dominación o de cualquier otra naturaleza, sino en virtud de actos sexuales. El sexo es determinante en la construcción de ese entramado social. Y eso que tiene el sexo de los hombres y mujeres libres, no lo tiene el sexo de los esclavos y las esclavas. ¡Poca broma!

Se le niega a la mujer esclava el derecho de generar parentela y parentescos, mientras que goza plenamente de él la mujer señora. El primer efecto del derecho de familia (la primera en la frente), es que la mujer-señora es esposa, mientras que la mujer-esclava es prostituta o como mucho, concubina. A la condición de esposa se llega por el rito del matrimonio, por el que la esposa adquiere la categoría de madre (matrimonio es “oficio de madre”): eso significa en primer lugar que si no fuese por la intención -y la necesidad social- de tener hijos, no habría ni matrimonio ni actividad sexual; y que a diferencia de la esclava, ella no gestará y parirá crías (esclavos) sino hijos.

He ahí los dos modelos de mujer y de sexualidad que han estado compitiendo a lo largo de la historia. Hoy estamos en un potentísimo retorno, justamente impulsado por los que se han alzado con el monopolio del “progreso”, un potentísimo retorno, digo, hacia las “prerrogativas” del sexo esclavo.

 

¿QUÉ SOCIEDAD NOS ESPERA?

A la vista de todo esto nos queda, en efecto, valorar el tipo de “socialización” al que nos está conduciendo la moderna “estructura sexual de la sociedad”, asentada sobre lo que se denomina “ideología de género”: esa especie de pansexualidad, en la que la función o la disfunción sexual en la que cada uno quiera emplearse, pasa por encima de la biología y de la antropología.

El primer elemento que caracteriza a esa ideología cuyo propósito es liberar a la mujer, es desmantelar la familia, responsable de esa esclavización. Y como elemento principal de ésta son los hijos, que la esclavizan con la maternidad, el primer dogma sacrosanto de esa liberación es el ABORTO. Se trata de liquidar al enemigo tan pronto como se le ve aparecer en el horizonte. Y a nivel ideológico, denigrar la maternidad (y por tanto no sólo el tener hijos, sino también el criarlos luego, cuidarlos y educarlos) para exaltar el trabajo de la mujer (¡menudo cambio, menuda liberación!).

Pero no acaba ahí el sacrificio de los hijos. En aras de la liberación sexual de la mujer, se ha puesto en marcha una potentísima maquinaria de aportación de hombres para la satisfacción sexual de los hombres. Y eso, obviamente empieza en la niñez, justo en la escuela. La homosexualidad se retroalimenta de la pederastia. No hay otra. Pero eso está genial en el imaginario feminista. Si las mujeres han sido sacrificadas sexualmente a lo largo de toda la historia de la humanidad en aras de los hijos, es lo más justo que éstos asuman parte de la carga sexual que presiona a la mujer. Por eso parece que todo el mundo (el mundo civilizado, claro) se haya puesto de acuerdo en la institucionalización de la corrupción de menores desde la misma escuela, promocionando entre ellos la máxima disponibilidad sexual con absoluta discrecionalidad de “género”, es decir en la   pansexualidad, que se ha convertido en materia principal del currículo escolar desde la enseñanza primaria.

El feminismo tiene clarísimo, aunque éste es su máximo tabú, que la mayor parte del sexo de que “goza” la mujer, es resultado de imposición cultural: una imposición que la inmensa mayoría de las mujeres no tiene más remedio que asumir. Y en la punta de ese iceberg está la que llaman “violencia de género” (la venganza por haber eludido esa imposición). Así que si la mujer ha podido asumir y sigue asumiendo esa imposición, ¿por qué no van a asumirla los niños? ¿No se les imponen también a título educativo (por su bien) las matemáticas, la gramática y la historia?

Y otra más: la cifra de niños asesinados por sus padres (más del 60% por sus madres ¿víctimas del feminismo por tanto?) anda ya por el 50% de los llamados asesinatos “de género”. Una cifra que no recoge la realidad: sería mucho más alta si se investigasen las muertes de los niños igual que las de las mujeres, y si no estuviese supermaquillada por no apartar el foco de la violencia de género, que es lo que interesa promocionar. Y eso sin calificar de infanticidios (que esa y no otra es la calificación que les corresponde) los abortos del último trimestre de gestación, absurdamente llamados así todavía. Como si no fuera propio de un sietemesino (intra o extra uterino) el derecho a la vida, y como si la fotografía (en este caso la ecografía) no fuese una manifestación inequívoca de la evidencia. Peligrosísimo esto último para la salud mental: amaestrados para creer más a las doctrinas que nos imbuyen, que a nuestros ojos.

Con todo esto, con la familia destruida, con la mujer reducida a sólo sexo a efectos de relación, con la promoción intensísima de las relaciones homosexuales, con la anulación por tanto del efecto socializador del sexo según el diseño de la naturaleza, ¿qué tipo de sociedad nos espera?

¡Ah, sí!, recordemos que a pesar de que la escuela ha pasado a ser el primer centro de sexualización, todavía tenemos las grandes lonjas de concertación sexual en las que se resuelve el conflicto a base de alienación mediante la inmersión en el movimiento al ritmo impuesto por el estrépito que impide emitir ni una frase, más alcohol y demás sustancias alienantes para ahorrarse cualquier cosa que se parezca a concurso de méritos o a cualquier tipo de selección. Todo rodado, todo dado. Y sobre todo, nada que se parezca a relaciones personales. Sólo sexo. Es la nueva sociedad. En la escuela se forjan y en las discotecas se reencuentran las mujeres y los hombres de la sociedad del futuro.

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CONCLUSIÓN

El sexo lo inventó la biología para la reproducción, que es imposible sin socialización. El primer elemento de socialización es la unión de macho y hembra; y el siguiente es al menos el de la hembra con la cría: para eso ha previsto la naturaleza la lactancia (en los mamíferos). Y a partir de aquí surge un complejísimo entramado de socialización en la especie humana. No se queda la madre sola con la cría, sino que ésta llega a un perfecto entramado de padre, abuelos, tíos y tías, hermanos, primos, etcétera. Es el edificio social humano cuyo punto de partida ha sido la unión del hombre y de la mujer, empujados por el impulso de que les dotó la naturaleza: la atracción sexual mutua del hombre y de la mujer. A la mujer no se la deja sola con su cría. A este grandioso fenómeno social lo llamamos CREAR FAMILIA.

Y fuera de esto, está el SEXO DE LOS ESCLAVOS, que al no crear familia, porque ni el esclavo ni la esclava tienen ese derecho, queda reducido a sexo y nada más que sexo. Como estímulo para el trabajo… y para el voto, cuando los esclavos votan.

El sexo en la BIOLOGÍA y en la CREACIÓN DE FAMILIA es selectivo y por tanto hay que ganárselo. El sexo de los esclavos en cambio, es SEXO FÁCIL, porque no se gana uno o una la pareja, sino que SE LA ASIGNA EL AMO o el político. Hoy la ingeniería sexual está en la reasignación de parejas, abriéndoles el camino a las parejas ya desde la niñez, de la mano de la maestra, para que no tengan que pelear por la pareja y pasar las dificultades de la elección cuando sean mayores.

Aunque nos suene paradójico, resulta que SEXO RESTRINGIDO por normas rigurosas(puesto que sobre él se construye la FAMILIA), es igual a LIBERTAD. 

Y por el contrario, SEXO SIN NORMAS (con prohibición de construir sobre él la familia) es ESCLAVITUD. El “sexo libre” (sin repercusiones familiares ni sociales) es la condición indispensable para poder construir una ESCLAVITUD DURADERA.

Tan sumamente claro lo tenían los romanos (y con ellos, todas las civilizaciones y culturas esclavistas), que instituyeron el SEXO ESCLAVO, en el que tan esclavos eran las esclavas sexuales como sus “usuarios”. Y la principalísima característica del SEXO ESCLAVO era que NO CONSTRUÍA FAMILIA. Los esclavos no es que tuviesen prohibido formar familia (el IUS FAMILIAE era exclusivo de los hombres libres), sino que la cosa funcionaba por la VÍA DE HECHO: ningún propietario era tan estúpido que dejase tener hijos no ya a una pareja de esclavos, sino ni siquiera a la madre-esclava, que de ningún modo tenía la categoría de madre, sino exclusivamente la de paridora. Y lo que paría, no tenía la categoría de hijo, sino la de cría, tan propiedad del señor como la esclava que lo había parido y el esclavo que la había fecundado. La relación de esa cría no era pues con la simple “madre biológica” (puramente instrumental que lo había parido, sino con el dueño de la esclava-madre. Y lo que le paría la esclava a su amo eran máquinas de trabajar si eran machos, y máquinas sexuales si eran hembras. Ni más ni menos. Ahí terminaba todo el recorrido de la “socialización por el sexo” de los esclavos y esclavas. SEXO REGALADO por el señor: por eso los frutos eran también del amo. Punto final.

Entre los CIUDADANOS LIBRES en cambio, existía el DERECHO DE FAMILIA, en virtud del cual, las relaciones sexuales estaban AL SERVICIO DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA FAMILIA: y si el sexo era la piedra angular y la clave del arco de la construcción de la familia, tenía que estar sometido a normas, es decir a RESTRICCIONES severas para impedir que el sexo fuese un elemento de distorsión y de demolición de la familia. Porque LA FAMILIA ERA LA FORMA DE CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD. Se entiende bien, ¿no?

La lástima es que hayamos tenido que llegar a estos niveles de demolición de la familia para darnos cuenta de que LA MORAL SEXUAL es una pieza fundamental de la construcción de TODA sociedad. Y la iglesia católica, que gozó durante siglos del monopolio de la FORMACIÓN MORAL de la sociedad, no supo darse cuenta de que la moral sexual que defendía NO ERA UN INVENTO PARA REPRIMIR a la gente, sino una pieza absolutamente fundamental de la construcción de una sociedad basada en el DERECHO DE FAMILIA.  

HE AHÍ EL OTRO HUEVO DE COLÓN

Tema del mes: 25 enero 2017

#MarchaVidaBCN

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